qué ver en Florencia en 2 días panorámica

Qué ver en Florencia en 2 días: la ciudad que agobia y no puedes dejar de mirar

Por Javier & Vanesa  ·  Actualizado enero 2026  ·  ⏱ 12 min de lectura

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Javier
Cofundador de "El Eterno Café"
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Hay ciudades que te reciben con los brazos abiertos y ciudades que te desafían desde el primer momento. Florencia, capital de la Toscana y cuna del Renacimiento, pertenece claramente a la segunda categoría. Cuando llegamos a ella tras dos horas de autovía desde Pienza —uno de los pueblos más bonitos de la Toscana y parada inevitable de cualquier ruta por la región— con las colinas toscanas todavía en la retina, nos encontramos de golpe con una ciudad abarrotada, ruidosa y completamente desbordada por el turismo. Si aún no conocéis el Val d’Orcia, tenéis pendiente una ruta por los pueblos del Val d’Orcia en coche que cambia completamente la perspectiva sobre lo que puede ser viajar por Italia.

Ese mismo día coincidía además con una carrera de 100 kilómetros que salía precisamente de la Plaza del Duomo, lo que convertía cada calle del centro en un laberinto de corredores, cámaras y cortes de tráfico. Y aun así, en el momento en que doblamos la primera esquina y vimos la cúpula de Brunelleschi recortándose sobre los tejados de terracota, entendimos exactamente por qué esta ciudad lleva siglos dejando sin palabras a todos los que la visitan.

Si estáis pensando en viajar a la Toscana por libre, Florencia es casi siempre el punto de partida o de llegada del viaje. Esta guía no pretende ser exhaustiva ni perfecta. Es el relato de dos días reales en Florencia: lo que vimos, lo que comimos, lo que nos salió mal y lo que nos sorprendió de verdad. Porque Florencia tiene mucho más que los Uffizi y el David, y en estas páginas vamos a contaros también dónde sirvieron vino a través de la pared durante la peste, qué museo guarda 1.400 figuras de cera anatómica del siglo XVIII y por qué el bar donde pidáis vuestro primer Negroni tiene más historia de la que imagináis.

Florencia sin anestesia: lo que conviene saber antes de llegar

Florencia recibe millones de visitantes al año y lo nota en cada rincón. No es una apreciación subjetiva: es la realidad de una ciudad cuyo centro histórico tiene apenas cuatro kilómetros cuadrados y concentra una densidad de arte y turismo que pocas urbes del mundo pueden igualar. Las colas frente a los grandes museos pueden superar fácilmente la hora en temporada alta, las terrazas más céntricas tienen precios que duplican la media italiana y en determinadas horas del día hay calles en las que resulta difícil caminar sin chocar con alguien.

Dicho esto, la ciudad también tiene una capacidad única para compensar cada incomodidad con algo que te desarma completamente. La solución no es evitar Florencia, sino saber cómo moverse por ella.

Lo primero y más importante: reservad los museos principales con al menos varios días de antelación. Los Uffizi y la Galleria dell’Accademia se agotan con rapidez en temporada alta y la diferencia entre entrar en veinte minutos o hacer una hora de cola depende únicamente de esa gestión previa. Más adelante os contamos nuestra propia experiencia con ambos, que fue bastante distinta en cada caso.

Lo segundo: calzado cómodo y sin negociación posible. Florencia se recorre fundamentalmente a pie sobre adoquines, y un par de horas mal calzados pueden arruinar el día más bien planificado.

Cómo moverse por Florencia

A pie: la única forma de entenderla

Florencia es una ciudad compacta y, salvo que vuestro alojamiento esté en las afueras, prácticamente todo el centro histórico se puede recorrer andando sin que las distancias lleguen a ser agotadoras. Del Duomo al Ponte Vecchio hay unos quince minutos caminando. De la Galleria dell’Accademia a la Piazza della Signoria, poco más de diez. Esa escala humana es uno de los grandes activos de la ciudad: permite improvisar, perderse por una callejuela sin previo aviso y encontrar cosas que no estaban en ningún plan.

Tranvía y autobús: cuándo tiene sentido usarlos

Si vuestro hotel está en un barrio más alejado del centro, como nos ocurrió a nosotros en el barrio de la Plaza de la Libertad, el transporte público es una opción eficiente y barata. La red de autobuses urbanos y tranvías funciona bien, con una frecuencia alta y un coste aproximado de 1,50€ por trayecto. El pago es sencillo: hay máquinas en los vehículos donde podéis pagar directamente con tarjeta. Desde nuestro alojamiento hasta el Duomo hacíamos el trayecto en tranvía en unos quince minutos, aunque cuando el tiempo lo permitía preferíamos caminar los veinte minutos que separaban ambos puntos.

Dónde alojarse en Florencia: el barrio importa 

La elección del barrio en Florencia condiciona mucho la experiencia del viaje. Alojarse en pleno centro histórico tiene la ventaja de la proximidad a los grandes monumentos, pero implica convivir con el ruido, la masificación y unos precios de alojamiento sensiblemente más altos. Los barrios más alejados, como el de la Plaza de la Libertad, ofrecen una Florencia más cotidiana, más silenciosa y considerablemente más barata. 

Para nosotros la elección del barrio de la Plaza de la Libertad, como lugar donde alojarnos fue todo un acierto. La zona es tranquila y con ambiente local. Nada tiene que ver con los agobios y la masificación del centro. Esta repleta de restaurantes y te permite llegar caminando, al centro, en un paseo de 20 minutos o en transporte publico en 10 minutos.

Liberty Seasons: nuestro alojamiento en el barrio de la Libertad 

Nosotros nos alojamos en Liberty Seasons, situado en la Plaza de la Libertad, a unos veinte minutos caminando del Duomo. El alojamiento ocupa una planta de un edificio clásico florentino con habitaciones independientes decoradas con muy buen gusto: amplias, bien equipadas, cómodas y llamativamente silenciosas para tratarse de una ciudad tan ruidosa. El precio ronda los 140-150€ por noche, lo que para Florencia es una opción razonable. 

El único inconveniente que le ponemos: está en un segundo piso sin ascensor, algo que puede ser un problema real para quienes tengan movilidad reducida o viajen con maletas voluminosas. 

Primer día: el corazón histórico de Florencia 

La Plaza del Duomo: prepararse para la masificación 

La Plaza del Duomo de Florencia —oficialmente Piazza di Santa Maria del Fiore— es el epicentro monumental de la ciudad y uno de esos lugares que, por mucho que hayáis visto en fotos, os dejará sin palabras cuando lo veáis en directo. El conjunto está formado por tres elementos excepcionales: la Catedral de Santa María del Fiore con su famosa cúpula de Brunelleschi, el Baptisterio de San Giovanni con sus bronces exteriores y la Porta del Paraíso de Ghiberti, y el Campanile de Giotto, cuya subida ofrece una de las mejores perspectivas aéreas del casco histórico. 

Nosotros llegamos a esta plaza en un momento especialmente caótico: coincidía con la salida de una carrera popular de 100 kilómetros que tomaba precisamente este punto como punto de partida, lo que multiplicó el gentío habitual hasta niveles difíciles de describir. Aun así, nos sentamos en una terraza lateral, pedimos una cerveza y nos quedamos un buen rato contemplando el espectáculo. No había forma de no hacerlo. 

Catedral Florencia cúpula Brunelleschi
La cúpula de Brunelleschi sigue siendo, siglos después, una proeza de ingeniería sin igual

 Una advertencia práctica: la entrada al conjunto del Duomo requiere ticket. La catedral en sí es gratuita pero tiene colas kilométricas. El ticket combinado, que incluye la cripta, el Museo dell’Opera del Duomo y acceso a la cúpula, es la opción más inteligente si queréis aprovechar bien el tiempo.

De la Piazza della Repubblica a la Iglesia de Orsanmichele 

Desde el Duomo, cualquier paseo hacia el sur por las callejuelas del centro acaba desembocando en la Piazza della Repubblica, una plaza inmensa y de cierta solemnidad, rodeada de edificios de fachadas imponentes y con una vida en sus terrazas que la convierte en un buen punto de pausa antes de continuar. 

Siguiendo el camino, llegamos a la Iglesia de Orsanmichele, uno de esos edificios que sorprende por su singularidad: fue concebida originalmente como lonja de cereales y terminó convirtiéndose en iglesia sin perder del todo su estructura de mercado. Su fachada exterior está jalonada por hornacinas con esculturas de los gremios florentinos —algunas de ellas obras de Donatello y Ghiberti— y el interior guarda una atmósfera recogida y diferente a la de las grandes basílicas de la ciudad. 

Muy cerca, el Mercato del Porcellino merece una parada breve. Es un antiguo mercado del siglo XVI que hoy acoge principalmente puestos de recuerdos, pero su estructura y, sobre todo, la famosa Fontana del Porcellino —el jabalí de bronce cuyo hocico hay que acariciar e intentar introducir una moneda en su boca para que caiga en el desagüe como señal de buena suerte— justifican los cinco minutos de desvío. En los alrededores hay habitualmente mendigos recogiendo las monedas que caen fuera del desagüe: ya os adelantamos que la mayoría no acierta. 

La Piazza della Signoria y la Loggia dei Lanzi: el museo gratuito al aire libre 

Piazza della Signoria Florencia Palazzo Vecchio

La Piazza della Signoria ha sido el corazón político de Florencia desde el siglo XIII.

La Piazza della Signoria es, junto al Duomo, el espacio urbano más importante de Florencia. Lo primero que os llamará la atención al entrar en ella es el Palazzo Vecchio, la antigua sede del poder civil florentino, con su inconfundible torre asimétrica de 94 metros que domina toda la plaza. En uno de sus laterales podéis buscar, si sabéis dónde mirar, una caricatura grabada en la piedra que la tradición atribuye a Leonardo da Vinci: la historia cuenta que un vecino insistía tanto en pedirle que dibujara para él que el artista acabó inmortalizándolo, a modo de caricatura, en una de las esquinas del edificio. 

Frente al palacio se extiende la Loggia dei Lanzi, una galería de arcos abiertos del siglo XIV que alberga algunas de las esculturas más extraordinarias de todo el Renacimiento italiano, absolutamente al aire libre y de acceso completamente gratuito. El Perseo con la cabeza de Medusa de Benvenuto Cellini y el Rapto de las Sabinas de Giambologna están ahí, expuestos a la lluvia y al sol, como si su presencia en el espacio público fuera la cosa más natural del mundo. En muchas capitales europeas cualquiera de estas dos piezas estaría en el museo más importante de la ciudad, con cola y con entrada. Aquí forman parte del paisaje cotidiano de una plaza. 

En el centro de la plaza hay también una réplica del David de Miguel Ángel —el original está en la Galleria dell’Accademia— y la Fuente de Neptuno, cuya musculatura acuática raramente convence a quien la ve después de haber estado frente al David. 

Galería de los Uffizi: taquilla vs. online, lo que nos pasó 

La Galería de los Uffizi es uno de los museos más importantes del mundo y probablemente la visita más esperada de cualquier viaje a Florencia. Alberga la mayor colección del mundo de pintura del Renacimiento italiano, con obras de Botticelli, Leonardo, Miguel Ángel, Rafael y Tiziano, entre muchos otros. Es, en pocas palabras, una experiencia que merece el tiempo y el esfuerzo que cueste. 

Nosotros decidimos comprar las entradas ese mismo día a través de un operador online desde el móvil, y fue un proceso bastante caótico: la cobertura de datos en la zona era pésima, las entradas tardaron en llegar al correo y los vales para las audioguías directamente no aparecieron. Finalmente conseguimos entrar en poco tiempo, pero el proceso fue más estresante de lo necesario. Nuestra recomendación: reservad con días de antelación desde casa, con conexión wifi estable y tiempo suficiente para revisar que todo está en orden.

Tabla comparativa entradas galeria uffizi

Pasamos la tarde entera en la galería y salimos exhaustos y maravillados en proporciones similares. El volumen de obras excepcionales es tan alto que en algún momento los sentidos dejan de registrar con la misma intensidad. Si tenéis que elegir una sección, no os perdáis las salas de Botticelli, donde la Primavera y el Nacimiento de Venus están frente a frente en una misma sala. 

Galería Uffizi Florencia sala Botticelli
Las salas de Botticelli en los Uffizi concentran dos de las obras más reproducidas de la historia del arte occidental.

Una copa con vistas al Duomo: la terraza del Hotel Medici (con matices) 

Tras pasar la tarde entera en los Uffizi, teníamos la cabeza llena de Renacimiento y las piernas pidiendo pausa. Elegimos la terraza del View on Art Rooftop Cocktail Bar del Hotel Medici, en la sexta planta, con vistas directas a la Plaza del Duomo. 

La realidad es que la terraza es más modesta de lo que promete: prácticamente un pasillo estrecho en forma de L. Pero la parte que da a la plaza tiene unas vistas que justifican por completo la parada, y el ambiente al atardecer es muy animado. Nuestra recomendación es reservar mesa con antelación y especificar que queréis el lado con vistas al Duomo. Si llegáis sin reserva y os dan una mesa en el otro lado del pasillo, la experiencia pierde bastante. La copa ronda los 15€. 

Segundo día: Florencia fuera del circuito obvio

La Galleria dell’Accademia y el David: el debate de la cola

En este segundo día optamos por una estrategia diferente a la de los Uffizi: no reservamos online y fuimos directamente a hacer la cola de taquilla. El motivo fue, en parte, nuestra experiencia caótica del día anterior con la compra online, y en parte la curiosidad por ver cómo funcionaba el sistema presencial.

En la entrada hay varias filas diferenciadas: una para las reservas con hora asignada y otra para compra directa en la taquilla. La espera en la segunda se alargó aproximadamente una hora, pero fue una de esas horas que se pasan sin darse cuenta: coincidimos con una pareja peruana con la que estuvimos conversando sobre sus impresiones de España y sus planes de viaje, de esas conversaciones casuales que solo pasan cuando tienes tiempo para parar.

El David de Miguel Ángel es la obra que todo el mundo viene a ver, y con razón. Tiene algo que las reproducciones —y hay réplicas por toda Florencia— no logran transmitir: una escala y una presencia física que solo se entienden estando delante. La visita completa puede llevaros entre una hora y media y dos horas, aunque la mayoría de la gente dedica gran parte del tiempo a la sala principal.

David Miguel Angel Florencia Galleria Accademia
El David de Miguel Ángel en la Galleria dell’Accademia: ninguna reproducción le hace justicia.

La Basílica de Santa Maria Novella

Tras la Academia, nos acercamos hasta esta imponente iglesia dominicana del siglo XV, una de las más importantes de Florencia. Su fachada de mármol bicolor es extraordinaria, pero cuando llegamos se estaba celebrando misa y no pudimos entrar. Nos quedamos un buen rato contemplando el exterior, que ya merece la parada, y seguimos camino.

Lo que sí visitamos a escasos metros es uno de los lugares más inesperados y agradables del viaje.

La Farmacia de Santa Maria Novella: 800 años de fragancias

Farmacia Santa Maria Novella Florencia interior
La Farmacia de Santa Maria Novella lleva en pie desde 1221, cuando los monjes dominicos comenzaron a elaborar sus primeros remedios herbales.

Fundada en 1221 por los monjes dominicos del convento contiguo, la Farmacia de Santa Maria Novella es uno de esos lugares que no se anuncian demasiado pero que, una vez dentro, resultan difíciles de olvidar. El interior conserva íntegramente la estructura histórica: techos con frescos, vitrinas con botes de cristal, estanterías de madera oscura con la misma disposición de hace siglos. La visita es completamente gratuita y os llevará entre quince y veinte minutos.

Lo que hay en las estanterías no son recuerdos de turistas sino fragancias, cremas, aguas de colonia y preparados que en algunos casos llevan elaborándose con las mismas recetas desde hace cientos de años. No es una tienda ordinaria: es un lugar donde la historia y el comercio conviven con una naturalidad que pocas ciudades del mundo logran. Si tenéis pensado comprar algún recuerdo de Florencia, este es el sitio.

Las buchette del vino: las ventanas por donde Florencia sirvió vino durante la peste

Esta es, probablemente, la historia más fascinante que nos llevamos de Florencia. Y también una de las más fáciles de pasar por alto si nadie os la cuenta.

Si paseáis por el centro histórico con cierta atención, antes o después encontraréis en la fachada de algún palacio antiguo una pequeña apertura de piedra, de apenas 30 centímetros de alto por 20 de ancho, cerrada con una puertecita de madera o de metal. Son las buchette del vino, las ventanas del vino florentinas, y tienen una historia de más de cuatro siglos.

En el siglo XVI, el Gran Duque Francesco I autorizó a las familias nobles productoras de vino —los Frescobaldi, los Antinori, los Ginori, los Peruzzi— a vender su producción directamente al público a través de estas pequeñas aberturas practicadas en las fachadas de sus palacios. No había intermediarios: el comprador llegaba con su recipiente, llamaba a la ventanita y recibía su vino. Durante las epidemias de peste del siglo XVII, las buchette adquirieron una dimensión adicional: eran la forma de comprar sin contacto físico entre vendedor y comprador. Cuatrocientos años después, durante el confinamiento de 2020, algunas de ellas fueron reactivadas con exactamente la misma lógica.

Hoy la Associazione Buchette del Vino tiene catalogadas 161 ventanas dentro de las murallas de Florencia. La mayoría son decorativas, pero unas pocas siguen en activo. Nosotros paramos en la Wine Window Matteoni, a escasos metros de la Farmacia de Santa Maria Novella, donde por 8,50€ te sirven un vino de Chianti a través de la ventanita con toda la liturgia del gesto. Es cara para lo que es, pero el ritual vale completamente el precio.

buchette del vino Florencia ventanas del vino
Las buchette del vino llevan en las fachadas de Florencia desde el siglo XVI. Pocas ciudades del mundo tienen algo parecido.

Ponte Vecchio: cruzarlo y alejarse de él

El Ponte Vecchio es uno de los iconos más reconocibles de Italia y merece una visita, aunque con expectativas ajustadas. El puente en sí es un espectáculo arquitectónico singular —fue el único de Florencia que los alemanes no destruyeron durante la retirada de la Segunda Guerra Mundial— y las joyerías que lo flanquean tienen una historia larga y pintoresca. Sin embargo, en temporada alta la concentración de turistas puede hacer que cruzarlo sea más una experiencia de empujones que de contemplación.

Lo que sí merece mucho la pena es cruzarlo y continuar hacia la orilla sur, el barrio del Oltrarno, para tener una perspectiva diferente del puente desde la ribera y descubrir un Florencia más tranquila, con callejuelas de artesanos, bares con ambiente local y un ritmo que el centro histórico ha perdido hace tiempo.

Ese mismo espíritu, multiplicado por el silencio y la piedra medieval, es el que encontraréis en los pueblos medievales de la Toscana que rodean la región.

Ponte Vecchio Florencia ribera Arno
La mejor perspectiva del Ponte Vecchio no está sobre el puente sino desde la ribera del Arno.

Giacosa 1815: el bar donde nació el Negroni

Tras el paseo por el Arno, había una parada que teníamos marcada desde antes de salir de casa: el Caffè Giacosa, en Via Tornabuoni. No por la decoración, que es elegante sin ser ostentosa. No por la carta, que es la de cualquier bar de categoría florentino. Sino porque en este local, en el año 1919, nació uno de los cócteles más reproducidos del mundo.

La historia es así de concisa: el conde Cammillo Negroni entró en el establecimiento y le pidió al barman Fosco Scarselli que añadiera un toque de ginebra a su Americano habitual. Scarselli obedeció, usó una rodaja de naranja en lugar del limón tradicional y en ese instante nació el Negroni. Fundado en Turín en 1815 y establecido definitivamente en Via Tornabuoni en 1927, Giacosa es hoy el guardián oficial de ese legado.

El Negroni tiene sus detractores y sus rendidos admiradores, pero es innegable que beberlo aquí, sabiendo su historia y en el salón donde ocurrió, tiene una dimensión que va más allá de la copa. El precio es de 15€, que para Florencia no desentona en absoluto.

Negroni de Giacosa
Giacosa es la cuna del Negroni, un cocktail que ha enamorado a medio mundo

La Specola: el museo de ceras anatómicas que nadie espera encontrar

Si tuviéramos que elegir la recomendación más inesperada de este viaje, sería esta. El Museo La Specola —que forma parte del Museo de Historia Natural de la Universidad de Florencia— es el museo científico abierto al público más antiguo de Europa, fundado en 1775 por el Gran Duque Pedro Leopoldo, y reabierto en febrero de 2024 tras una larga y completa reforma.

Lo que lo hace único en el mundo no es su colección zoológica, que ya sería notable por sí sola con más de tres millones y medio de especímenes. Lo que lo hace único es su colección de ceras anatómicas del siglo XVIII: 1.400 figuras realizadas a mano por artesanos como Clemente Susini con un nivel de detalle que resulta simultáneamente perturbador y fascinante. Músculos, órganos, sistemas nerviosos, todo reproducido en cera con una precisión que en su época servía para enseñar anatomía a los estudiantes de medicina sin necesidad de recurrir a la disección de cadáveres.

La pieza más célebre es la Venus, una figura femenina de tamaño natural diseñada con partes desmontables para mostrar el interior del cuerpo. La museografía de estas salas se ha mantenido prácticamente inalterada desde el siglo XVIII, lo que añade una capa adicional de extrañeza al conjunto.

  • Entrada general (zoología + ceras botánicas + mineralogía): 10€
  • Suplemento ceras anatómicas: 3€ adicionales (visita guiada incluida)
  • Horario: martes a domingo, 9:00 a 17:00. Cerrado los lunes.

El museo está situado muy cerca del Palazzo Pitti, en el barrio del Oltrarno, lo que lo convierte en una parada perfecta después del Ponte Vecchio.

Dónde comer en Florencia: lo que probamos de verdad

Florencia es una buena introducción a la gastronomía regional, pero si queréis entender de verdad dónde comer en la Toscana más allá de la capital, la variedad que encontraréis fuera de la ciudad es notable.

All'Antico Vinaio: ¿merece la cola la schiacciata más famosa del mundo?

El All’Antico Vinaio se ha convertido en un fenómeno que ya trasciende lo gastronómico. Es el establecimiento con más reseñas del mundo en ciertas plataformas, y la fila que se forma frente a su local principal en Via dei Neri —justo detrás del Palazzo Vecchio— es uno de los espectáculos más peculiares del centro de Florencia. Lo bueno es que, aunque la cola parece intimidatoria, suele moverse con una velocidad sorprendente.

El producto es la schiacciata ripiena: el bocadillo florentino por excelencia, elaborado con un pan plano y esponjoso de corteza crujiente y relleno con combinaciones de embutidos, quesos, salsas de trufa, porchetta o verduras asadas. Hay opciones numeradas en la pizarra, pero podéis pedir que os hagan una combinación propia. El precio ronda los 12-15€ por unidad y el tamaño es generoso: con hambre, uno basta perfectamente.

En Florencia hay tres locales. El de Via dei Neri es el más famoso y el que concentra las colas más largas. Los otros dos —uno en la estación de Santa Maria Novella y otro en la Piazza San Marco— tienen bastante menos afluencia y son una alternativa razonable si queréis evitar la espera.

¿Merece la pena? Sí, pero con expectativas calibradas. La schiacciata es buena, notablemente buena, pero la fama ha superado ya al producto. Si llegáis con hambre y con ganas de probar algo genuinamente florentino, es una parada que vale. Si llegáis esperando la experiencia gastronómica del viaje, es posible que salgáis con sensación de haber picado el anzuelo turístico.

Ristorante Perseus: nuestro gran descubrimiento florentino

Justo al lado de nuestro alojamiento, sin buscarlo ni tenerlo previsto, encontramos el que fue con diferencia el mejor restaurante de nuestra estancia en Florencia. El Ristorante Perseus lleva más de treinta años en pie, regentado durante todo ese tiempo por la misma familia —Aurelio Fontani, Enrico y Giovanni Verrecchia—, y su objetivo declarado es que tanto florentinos como turistas redescubran la cocina tradicional toscana en su mejor versión.

Todo lo que probamos fue extraordinario: las pastas, los antipasti, los postres. Pero lo que define realmente este restaurante es su bistecca alla Fiorentina, un chuletón de una calidad de carne que, sin exagerar, se cuenta entre los mejores que hemos probado en nuestra vida. La carne es tierna, con un punto perfecto y un sabor que justifica cualquier precio.

  • Filete: 42€ por 100 gramos
  • Entrantes: desde 9€
  • Postres: 6€

La relación calidad-precio es honestamente buena para el nivel de lo que se sirve. Reservad con antelación si podéis.

Trattoria Zazà: por qué hay que reservar

La Trattoria Zazà ha alcanzado en los últimos años una popularidad que se traduce, en temporada alta, en filas de espera a las puertas. El interior del local es notable: grande, con una decoración muy trabajada y un ambiente que combina la calidez de una trattoria familiar con una cierta aspiración. También cuenta con terraza acristalada en el exterior, pero nuestra recomendación es comer dentro.

El servicio, atendido por camareros jóvenes y eficientes, es bueno, y la carta es amplia tanto en pastas como en carnes. El precio medio de un plato principal de pasta ronda los 15€ y los de carne los 20€, lo que para Florencia es una opción razonable. Reservad con tiempo, especialmente si vais en temporada alta.

Interior dela Trattoria Zazà uno de los mejores lugares donde comer en Florencia
Esta es la increíble decoración de la Trattoria Zazà

El desayuno en Florencia: caro y sin excepciones

Una advertencia que nadie nos hizo y que os hacemos nosotros: el desayuno en Florencia es caro de forma sistemática, especialmente en los locales de las zonas más turísticas. Desayunamos una mañana en un café junto a la Piazza San Marco —el Restaurante Retro—, y cada plato de tostadas o huevos revueltos salía a una media de 15€. Para una pareja, el desayuno puede superar perfectamente los 30€ sin que nadie haya pedido nada extraordinario. El camarero era muy simpático, pero la experiencia no justificaba el precio.

Nuestra recomendación: desayunad en vuestro alojamiento si es posible, o buscad un bar de barrio alejado de los circuitos más turísticos.

Zefiro Rooftop: el broche de oro de la última noche

Para cerrar nuestra visita a Florencia, paseamos por las callejuelas del centro contemplando cómo la ciudad cambia de registro al anochecer —los grupos de turistas se van diluyendo, aparecen los locales, la luz se vuelve más dorada— y terminamos en la terraza del Hotel Marriott W Florence, el Zefiro Rooftop.

Las vistas nocturnas sobre la Plaza del Duomo son espectaculares. La terraza es cómoda, bien decorada y el servicio es excelente. Se puede cenar en ella, aunque nosotros optamos por tomar una botella de vino y disfrutar del momento. El precio de la botella supera los 60€, lo que dice bastante del nivel de la propuesta. No es un sitio para todos los bolsillos, pero como forma de cerrar una visita a Florencia, es difícil de superar.

Algo que ver en Florencia la terraza zefiro
Tomar un vino desde la Terraza Zefiro es un auténtico placer

Florencia es una ciudad que exige paciencia. La masificación no es una queja de viajeros sensibles: es una realidad objetiva que afecta a la experiencia en los momentos más esperados del viaje. El día que llegamos, la coincidencia con una carrera popular multiplicó el gentío habitual hasta niveles que rozaban lo absurdo. Las colas frente a los grandes museos son largas incluso con reserva previa, y sin ella pueden convertirse en un problema serio.

Las terrazas con vistas al Duomo son una trampa de precio bien documentada. La del Hotel Medici —pasillo estrecho en L— cuesta 15€ por copa y solo tiene gracia si conseguís mesa en el lado bueno. La del Zefiro Rooftop es cara pero lo justifica. Muchas otras, simplemente, no lo justifican.

La cobertura de datos en el centro histórico puede ser un problema real: nuestra compra online en los Uffizi fue caótica precisamente por eso. Descargad las entradas y los vouchers en casa, con wifi, antes de salir.

Y una última nota: Florencia no es una ciudad barata. Ni en museos, ni en restaurantes, ni en terrazas, ni en alojamiento. Quien viaje con presupuesto ajustado puede hacerlo, pero conviene planificarlo con honestidad desde el principio.

Nada de esto, por supuesto, cambia el hecho de que vale la pena cada euro y cada minuto de cola.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto tiempo se necesita para visitar Florencia?

Con dos días completos es posible ver lo más importante de la ciudad: el conjunto del Duomo, la Piazza della Signoria, la Galería de los Uffizi y la Galleria dell’Accademia. Si queréis añadir el barrio del Oltrarno, las buchette del vino o museos menos conocidos como La Specola, lo ideal son tres días. Con una semana podéis explorar la ciudad con calma y hacer alguna excursión a los alrededores: nosotros os recomendamos combinarla con una ruta por la Toscana en coche para descubrir el resto de la región.

En temporada alta, la reserva online es casi obligatoria para evitar colas largas. El precio total es algo superior al de taquilla (en torno a 41,50€ con audioguía frente a los 31€ en taquilla), pero el ahorro de tiempo puede ser considerable. Reservad desde casa, con wifi, y descargad los vouchers antes de salir.

 Son pequeñas ventanas de piedra de unos 30 por 20 centímetros practicadas en las fachadas de palacios renacentistas. Datan del siglo XVI y las familias nobles las usaban para vender vino directamente al público, sin intermediarios. Durante las epidemias de peste del siglo XVII servían también para reducir el contacto físico entre vendedor y comprador. Hay más de 160 catalogadas en el centro histórico, aunque pocas siguen activas. La Associazione Buchette del Vino tiene un mapa interactivo en buchettedelvino.org.

Es el museo científico más antiguo de Europa abierto al público, fundado en 1775. Su colección más singular son las ceras anatómicas del siglo XVIII: 1.400 figuras que reproducen el cuerpo humano con un detalle perturbador, creadas originalmente para enseñar anatomía sin cadáveres. Está situado en el barrio del Oltrarno, muy cerca del Palazzo Pitti. La entrada general cuesta 10€, con un suplemento de 3€ para la sala de ceras anatómicas. Reabrió en febrero de 2024 tras una reforma completa.

Si es vuestra primera vez en Florencia, sí. La schiacciata es genuinamente buena y la experiencia de pedirla en ese local tiene su punto. Si las colas del local principal de Via dei Neri os echan para atrás, los otros dos locales de la ciudad —en la estación de Santa Maria Novella y en la Piazza San Marco— tienen mucho menos tiempo de espera con el mismo producto.

A pie es la opción más recomendable para casi todo. La red de autobuses y tranvías urbanos es eficiente y cuesta aproximadamente 1,50€ por trayecto, con pago con tarjeta directamente en el vehículo. Los taxis son caros y escasos, y el tráfico en el centro puede hacerlos más lentos que ir andando.

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