Uno de los recuerdos más agradables que me vienen a la mente, de los viajes de cuando era niño, es el de las paradas en aquellos restaurantes de carretera, hoy desaparecidos. Repetir una ruta a algún lugar de España y hacer una parada para probar ese plato que tanto nos había gustado en el anterior viaje, era un verdadero aliciente del viaje. Es por esto, que al conocer la historia del restaurante El Bohío me atraía enormemente la idea de comprobar como uno de esos vetustos restaurantes de carretera, se había convertido en un refinado restaurante de la gastronomía española.
El restaurante El Bohío comienza su andadura en 1934 de la mano de la abuela de sus actuales propietarios, la abuela Valentina, procedente de Cuba y que supo encontrar una oportunidad de negocio ante la ausencia de lugares de parada entre Toledo y Madrid. A este lugar de parada le llamó “El Bohío”, en recuerdo de las típicas construcciones cubanas. Tras un periodo de inactividad que concluye en 1971, el restaurante El Bohío reabre sus puertas e inicia un camino no exento de dificultades, hasta convertirse en un refinado restaurante, reflejo de la personalidad y el talento de los hermanos Rodríguez Rey.
Restaurante El Bohío: Un viaje gastronómico inolvidable
Es inevitable que alguien que forma parte del jurado del principal programa gastronómico de la televisión desde 2013, arrastre público, en ocasiones buscando más al personaje televisivo que al chef, pero sinceramente era algo que cuando acudí por primera vez a su restaurante no me interesaba nada. Pretendía conocer como un chef ha sido capaz de transformar la cocina de un modesto restaurante de carretera, en un restaurante puntero de la gastronomía nacional, sin perder su esencia. Y creo que ese es el principal valor de Pepe, haber puesto la técnica al servicio del producto para conseguir mejorar los platos de toda la vida, sin que dejen de ser los platos de toda la vida, pero acomodarlos a los nuevos gustos y tendencias culinarias. Es evidente que debió lo aprendido de sus mentores, Martín Berasategui y Ferran Adria le sirvió para no convertirse en lo que no era y mejorar lo que era, El Bohío.
El minimalismo de su sala
Me pierden los restaurantes minimalistas, con colores de tonos claros que aportan paz. Algún guiño a la tauromaquia en sus paredes, suelos rústicos y madera que da calidez a los espacios. La sala está organizada en un entramado de salones que facilita que la privacidad y reduce el nivel de ruido que suele producirse en espacios más amplios.

Cercanía en el servicio
El servicio de camareros fue atento, discreto y cercano, haciéndonos sentir cómodos. El servicio se desarrolla con un ritmo dinámico, pero nada apresurado, acomodándose perfectamente al ritmo del comensal.
Tradición en platos de alta cocina
Y aquí es donde está la verdadera madre del cordero, el chef ha sabido transformar platos tradicionales, en platos que sorprenden al comensal por sus nuevos matices y texturas, sin que le hagan olvidar lo que realmente está comiendo.
El Bohío ofrece tres menús: tradicional (80€), de temporada (110€) y degustación con platos estrella (160€).
El menú degustación comienza con una combinación de snacks auténticos guiños al territorio. Perdiz escabechada, judías con butifarra y croqueta de jamón, auténticos buques insignia de la cocina de Pepe Rodríguez. Toda una declaración de intenciones que te harán plantearte si había probado antes una perdiz escabechada que mejorara esta o si no te comerías un “capacho” (termino muy manchego) de judías.
Continua el menú con 9 pases donde brillan especialmente los platos de carnes de caza acompañados de unos espectaculares y delicadísimos fondos. Como punto cumbre del menú una versión del cocido, absolutamente sorprendente y deliciosa.
Donde más se aleja de la tradición y no por ello merece menos la pena es en sus postres, probablemente con la intención de terminar la velada con una nota refrescante para el comensal.









Bodega a la altura del Restaurante El Bohío
Y como no podía ser de otra forma, la experiencia se completa con una excepcional selección de caldos a unos precios bastante razonables, donde por fortuna tienen la presencia que se merecen los vinos de la tierra.
Tras finalizar la velada en el Bohío, siempre he terminado con la impresión de que, por fortuna, sigue quedando la esencia de esos restaurantes de toda la vida, donde no se quieren perder los sabores de toda la vida, aunque estos se hayan mejorado de manera exponencial.
Web del Sítio: https://www.elbohio.net/




