Pensando en los lugares imprescindibles qué ver en Oporto, he llegado a la conclusión de que no hay ningún lugar turísticamente «megaconocido» como la Torre de Belen de Lisboa o la Giralda de Sevilla, por lo que realmente lo que creo que hace a oporto tan especial, es su conjunto . Nosotros hemos perdido la cuenta de las veces que hemos cruzado la frontera y, en cada viaje, descubrimos un rincón nuevo. Es un lugar que, muy al estilo de nuestra querida Galicia, te recibe a menudo con una lluvia persistente que lo empapa todo. Pero no os equivoquéis: es precisamente ese gris y su ambiente decadente de azulejos desconchados lo que le da una energía y una viveza que no hemos encontrado en otro sitio.
Para los que buscáis una guía para viajar a Oporto completa, hemos diseñado este listado. Sin embargo, si tenéis poco tiempo y necesitáis una organización diaria, os recomendamos consultar nuestro itinerario por Oporto detallado. Lejos de haceros una lista interminable de lugares que debéis visitar os detallamos todo lo qué ver en Oporto, basándonos en nuestra experiencia tras recorrer sus cuestas en multitud de ocasiones, para que elijáis aquellos lugares que mas encajan con vuestros gustos o que más os llaman la atención.
Avenida dos Aliados
Es el salón de invitados de la ciudad y el centro neurálgico donde se celebran desde las campanadas de fin de año hasta las victorias del FC Porto. Flanqueada por edificios de granito de estilo modernista y art déco, culmina en el imponente edificio del Ayuntamiento. Es una zona señorial que contrasta con la estrechez del casco antiguo. Nosotros solemos empezar aquí para admirar las fachadas, especialmente la del McDonald’s Imperial. Se encuentra en un antiguo café de los años 30 (el Imperial) y mantiene las vidrieras originales, los candelabros de cristal y un águila gigante de bronce en la entrada.

Rua do Almada
Muy cerca de la Avenida dos Aliados, paralela a esta se encuentra una de las calles mas icónicas de Oporto, la Rua do Almada. Esta calle es un eje vertical donde conviven ferreterías centenarias con talleres de nuevos artesanos y tiendas de vinilos. Representa perfectamente ese equilibrio entre la tradición y la modernidad que tanto nos gusta de Oporto. Pasear por ella es sentir el pulso de los vecinos que aún viven en el centro.
En esta calle es necesario una parada en la Fabrica Coffee Roasters, una de las mejores cafeterías de Oporto (con encanto) y uno de nuestros cafés favoritos de Oporto. Es uno de los grandes referentes del café de especialidad en Portugal, y lo que los hace únicos es que controlan todo el proceso: seleccionan el grano verde de productores directos (principalmente de Brasil y Etiopía) y lo tuestan ellos mismos.
Rua dos Clérigos
Esta calle es la arteria que conecta la parte alta con el centro histórico. Es una subida constante donde se puede observar el trasiego de los tranvías antiguos desafiando la gravedad. La arquitectura aquí es puramente barroca y sirve de preludio a la torre más famosa de la ciudad. Es una zona muy comercial y con mucha vida, por lo que es una de las opciones favoritas donde alojarse en Oporto si quieres estar a un paso de todo. Si miráis hacia los pisos superiores, veréis balcones de forja que cuentan historias de la burguesía del siglo XIX.
Estación de São Bento
Mucho más que una terminal de trenes, es el museo gratuito más espectacular de Portugal. Inaugurada en 1916, su vestíbulo principal está revestido con más de 20.000 azulejos pintados por Jorge Colaço. Las escenas narran hitos como la batalla de Aljubarrota o la entrada de Juan I en Oporto. Nosotros siempre pasamos un buen rato analizando los detalles de la zona superior, donde se muestra la evolución histórica del transporte en el país.
La Prueba de Realidad: Es un lugar de paso frenético y ruidoso. Si llueve, el suelo de mármol se vuelve una pista de hielo; id con calzado que agarre bien si no queréis ser el espectáculo de la estación.

Rótulos publicitarios antiguos
Algo que nos fascina de Oporto es su capacidad para conservar el pasado. Si os fijáis en las fachadas de la zona de la Baixa, encontraréis rótulos publicitarios de neón y latón que parecen sacados de una película de los años 50. Son pequeñas joyas de diseño vintage que resisten a la homogeneización de las grandes franquicias y que le dan a la ciudad ese aura de «museo al aire libre».
Justo frente a la estación está uno de los rótulos más famosos, el de «A económica». Aunque ya no hay tienda de ropa, todavía puede verse el cartel publicitario que la identificaba con el eslogan «Vestir bem e barato só aqui» (Vestir bien y barato solo aquí)«.
Iglesia de San Ildefonso
Situada en la Plaza de Batalha, esta iglesia del siglo XVIII es inconfundible por sus dos torres y su fachada cubierta de azulejos que brillan de forma especial bajo el cielo gris. Está dedicada a San Ildefonso de Toledo y su interior es sorprendentemente sobrio en comparación con la explosión de color de su exterior. Es el punto ideal para iniciar un paseo hacia la zona comercial de Santa Catarina.
Catedral de Oporto (Sé)
Es el edificio religioso más importante y antiguo. Su construcción se inició en el siglo XII, lo que explica su aspecto de fortaleza románica con almenas. Situada en la parte más alta de la ciudad, desde su plaza se tiene una panorámica brutal. No os perdáis el claustro gótico, donde los azulejos del siglo XVIII contrastan con la piedra oscura, creando una atmósfera de silencio que te desconecta del bullicio exterior.
Librería Lello

Considerada una de las más bellas del mundo, es una joya del neogótico con una escalera central con forma de doble hélice que parece cobrar vida. Aunque el mito de Harry Potter la ha masificado, su arquitectura técnica y su vidriera cenital con el lema Decus in Labore merecen la entrada.
Consejo: Comprad la entrada online con antelación o la cola os arruinará la mañana. La entrada tiene un coste de 12€, deducibles en la compra de cualquier libro.
Fernandes Mattos & Ca. Lda.
Justo al lado de Lello está esta tienda por departamentos que parece detenida en el tiempo. Es el contrapunto perfecto al turismo de masas: un lugar tranquilo donde comprar jabones de Claus Porto, mantas tradicionales o juguetes de hojalata. Es entrar en el Oporto señorial de principios del siglo XX sin filtros. Desde nuestro punto de vista, tiene poco que envidiar a la masificada Librería Lello.
Plaza de los Leones
Oficialmente Plaza de Gomes Teixeira, es el corazón universitario. La fuente central, con sus leones alados, es el punto donde siempre quedamos si vamos con amigos. Está rodeada de edificios históricos de la Universidad de Oporto y siempre tiene una energía joven y viva, sin importar el clima. No es nada extraño encontrar universitarios con su característica capa negra. Como dato curioso, las capas suelen llevar jirones (rasgones), hechos por familiares y amigos para rememorar momentos especiales.
Esta plaza es un lugar ideal para tomar algo con amigos, especialmente en nuestro siguiente lugar recomendado, El café del piojo.

Café del Piojo (Âncora d’Ouro)
Inaugurado en 1909, este café ha sido refugio de intelectuales, opositores políticos y estudiantes. Su apodo viene de la época en la que la gente se agolpaba tanto en su interior que «no cabía ni un piojo». Sus techos altos y sus espejos envejecidos te transportan a las tertulias de principios de siglo. Es el sitio ideal para leer un libro mientras ves pasar la vida por la plaza.
Es famoso por sus «finos» (cerveza de barril bien tirada) y por su comida tradicional.
Iglesia do Carmo e Iglesia de los Carmelitas
Es una de las imágenes más curiosas de Oporto: dos iglesias separadas por la Casa Escondida, una vivienda de apenas un metro de ancho. La Iglesia do Carmo es famosa por su inmenso mural exterior de azulejos azules que cubre toda la fachada lateral, uno de los más grandes y detallados de la ciudad.
Parada recomendada: Casa Guedes. Pedid el sándwich de pernil con queso de la Serra. Sucio, ruidoso y delicioso; el Oporto auténtico está aquí.

Torre dos Clérigos
Obra maestra del barroco de Nicolau Nasoni, sus 75 metros de altura la convirtieron en el «faro» de los navegantes que llegaban por el Duero. Subir sus 225 escalones es agotador, pero la vista de 360 grados de los tejados rojos y el río compensa cada gota de sudor.
El lugar donde hoy se levanta la Torre de los Clérigos se conocía popularmente como el «Cerro de los Ahorcados» (Cerro dos Enforcados o Adro dos Enforcados). Antes de que se construyera el conjunto barroco de Nicolau Nasoni en el siglo XVIII, esa colina estaba fuera de las murallas de la ciudad. Por su ubicación elevada y apartada, se utilizaba como el lugar de sepultura para los condenados a muerte (ajusticiados en la horca).
La Prueba de Realidad: Los pasillos de subida y bajada son extremadamente estrechos. Si sufrís de claustrofobia o si os cruzáis con un grupo numeroso, la experiencia puede ser un poco agobiante.

Antigua Cárcel (Centro Portugués de Fotografía)
Este edificio masivo de granito (Cadeia da Relação) albergó a presos ilustres como Camilo Castelo Branco. Hoy es un centro de fotografía gratuito donde las antiguas celdas, con sus puertas de hierro pesadísimas, sirven de salas de exposición. El contraste entre la dureza del edificio y la sensibilidad de las fotos es fascinante.
Mirador de la Victoria
Para nosotros, es el mejor mirador porque no es «postureo». Se accede por un callejón y es un solar privado algo descuidado con vallas oxidadas. Pero es precisamente esa falta de filtros lo que te da la vista más real y honesta de la Ribeira y las bodegas de Gaia.
No es un sitio para ir con zapatos de gala; suele haber escombros y, si ha llovido, barro. Es Oporto en estado puro: decadente pero espectacular.
Rua das Flores y Cais da Ribeira
La Rua das Flores es la calle peatonal más bonita de la ciudad, llena de balcones de hierro y fachadas rehabilitadas. Bajando por ella se llega al Cais da Ribeira, el alma marinera. Las casas estrechas y coloridas frente al Duero crean una postal inigualable, aunque os recomendamos huir de los restaurantes de primera línea para comer; id a las tabernas de los callejones interiores.
Puentes: Don Luis I y María Pía
El Puente Don Luis I es el gigante de hierro diseñado por Teófilo Seyrig. Cruzarlo por el piso superior es una experiencia que pone los pelos de punta por la altura y las vistas. Pero no olvidéis el Puente de María Pía, aguas arriba. Fue diseñado por Gustave Eiffel y, aunque ya no circulan trenes por él, su arco de hierro sigue siendo una lección de ingeniería del siglo XIX que vigila la ciudad en silencio.
Vila Nova de Gaia, Palácio da Bolsa y
Cruzamos a Gaia para entender la cultura del vino en sus bodegas centenarias; el olor a madera y mosto aquí es embriagador. Vila Nova de Gaia es el lugar donde realmente se hace el vino de Oporto, ya que sus bodegas aprovechan el clima de esta orilla para envejecer las barricas. Pasear por su muelle permite ver de cerca los barcos rabelos y encontrar piezas de arte urbano curiosas como el conejo gigante de Bordalo II, hecho con materiales reciclados. Lo mejor de cruzar el puente es subir al Jardim do Morro para ver cómo cae el sol sobre el río y las casas de Oporto, una experiencia que se disfruta más con una copa de vino local sin las prisas del centro.

Palacio da Bolsa
El Palacio de la Bolsa es la prueba del poder que tuvo la burguesía comercial de Oporto en el siglo XIX. Construido sobre las ruinas de un antiguo convento franciscano, por fuera parece un edificio sobrio, pero su interior es de un lujo exagerado. El punto más conocido es el Salón Árabe, una sala inspirada en la Alhambra de Granada que brilla por sus decorados en oro y detalles geométricos. También destaca el Patio de las Naciones, un gran espacio central cubierto por una cúpula de hierro y cristal que deja pasar la luz natural, iluminando los escudos de los países con los que Portugal mantenía relaciones comerciales. Es un sitio que hay que visitar con guía, pero merece la pena para entender cómo se movía el dinero y la influencia en la ciudad hace dos siglos.
Matosinhos
Si buscas pescado y marisco fresco, Matosinhos es el sitio al que van los locales. Es una ciudad pegada a Oporto, conectada por el metro y el paseo marítimo, que mantiene intacta su tradición marinera. Lo más característico es caminar por sus calles cercanas al puerto y oler las brasas de los restaurantes, donde asan las sardinas directamente en la acera. Sin duda, si buscas dónde comer en Oporto: de la Francesinha al Bacalhau y quieres producto fresco, este es tu sitio.
Además de la gastronomía, tiene una playa enorme muy buscada por surfistas y monumentos curiosos como la «Anémona», una escultura gigante de red que flota sobre una rotonda frente al mar. Es el lugar perfecto para salir del centro histórico, caminar por el paseo de Foz y terminar comiendo frente al Atlántico.




